El viernes 14 de noviembre fue presentado en la sala de audio y video de la Facultad de Filosofía Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan, el libro “Niño en la orilla” de la poeta puntana, Marta Baigorria. La presentación estuvo a cargo de la Prof María Alejandra Araya y Alfia Arredondo. Auspiciaron la SALAC (filial San Juan) y la Secretaría de Extensión Universitaria de dicha Facultad. A continuación, el texto de María Alejandra leído en dicha oportunidad.
Un sábado en la mañana bien temprano. Eran las 8.25hs, juro que eran las 8.25hs, me llamó Hélida López al teléfono fijo de casa y me propuso ser parte de la presentación del libro “Niño en la orilla” de Marta Baigorria. Dije que sí.
No sé si dije que sí porque estaba adormecida o porque me sedujo la idea. Déjenme que instale el beneficio de la duda. A partir de ahí, una catarata de hechos se fueron sucediendo. Tomé contacto con el objeto-libro en esa semana pues Marta me lo mandó por encomienda en colectivo. Antes había tomado contacto con la idea-libro-niño en la orilla pues su autora me mandó un mail con sus ideas-visiones-miradas.
Es bellísimo ver cómo la existencia se complota y uno le llama rapidamente: fue por casualidad. Fui a hacerme unos análisis de sangre de rutina (odio sacarme sangre, no viene al caso, pero me encanta decirlo cuando puedo) y la enfermera me dijo al irme: -Es que tenemos que parecernos más a los niños. Era raro, no estábamos hablando del tema pero en medio de la preparación de esta presentación escucho de boca de alguien que no había visto antes la palabra niño. Muchas gracias, le contesté, fíjese que estoy elaborando un texto para la presentación de un libro cuya temática es el niño y lo que me acaba de decir es muy revelador para mí (supongamos que más o menos le dije eso) Y ella, me respondió: -No, no he sido yo (y con el pulgar señaló hacia arriba) Stop. Punto aparte.
No conozco a Marta. Y eso, lejos de ser una debilidad para esta presentación, la subrayo como una fortaleza. Pues creo que todo artista quiere ser conocido a través de su obra, no de su biografía-curriculum vital que solemos presentar como una manera de justificarnos.
Niño en la orilla.
El título me trae asociaciones. Si el niño que la autora nos presenta está en la orilla, no está en el centro. Es imposible estar en dos lados al mismo tiempo. Me hice pues, una pregunta: ¿Por qué el niño está en la orilla? Y, les debo ser absolutamente sincera, tuve que pedir ayuda a dos seres especialista en el tema con los que leímos la poesía de Niño en la orilla.
Me llamó la atención dos grupos de palabras que a mi lectura se ofrecían como recurrentes y con mucho peso: pájaros y espejos. Ej: alborea con los pájaros, corazón-pájaro, cascada de pájaros. Detrás del espejo, penumbra del espejo, espejos repetidos.
Cuando digo espejos me acuerdo de Borges. Es más de un cuento de Borges: Biografía de Tadeo Isidoro Cruz que comienza con el epígrafe: “I m looking…” Estoy buscando el rostro que tenía antes de que el mundo fuera hecho. Tal vez, sólo tal vez, digo-de pronto-me parece el hombre ha perdido su rostro o se le ha desdibujado y el niño que nos mira y el niño que tenemos tatuado en el alma sea el rostro original, primigenio?
Y cuando digo pájaro pienso en alas y pienso en vuelo. Y tengo que decir libertad aunque sea un lugar común, mejor dicho un maravilloso lugar común.
“Niño en la orilla” me permitió disfrutar la lectura individual y compartida con mis hijas que me prestaron esa inocencia que a veces uno pierde detrás de análisis del texto.
“Niño en la orilla” fue un hermoso pretexto de amor para reencontrarme (parafraseando a Marta) “con esa diminuta cariátide de luz en el fondo de mi alma de mujer”
Yo les dije recién que había pedido ayuda a dos personas para que me ayudaran ya que al ser niños, tienen en sí mismos la condición esencial. Milagros y Esperanza van a leerles las poesías que ellas han seleccionado y que más les gustaron.