Una palabra que escuchamos a menudo es la palabra presión. “Me siento presionado” “Estoy presionada”. “Me presionan”. Creo que el uso desgasta las palabras. Les ofrezco a través de este texto, mi mirada de la presión. Que la disfrutes, como yo lo hice escribiéndola.
La presión
A modo de las Aguas Fuertes Porteñas que el escritor Roberto Arlt hizo para Diario El Mundo en la década del 30, así me dedico a escribir sobre temas que me llaman la atención, que, desde algún lugar, me motiva investigarlos, analizarlos. Algo así como Las Aguas Fuertes del Alma.
Una palabra que he escuchado a menudo es la palabra presión. “Me siento presionado” “Estoy presionada”. “Me presionan”. Siempre lo digo, “a fuerza de usar tanto las palabras, las desgastamos, las prostituímos, las dejamos finitas como papel de calcar”
Presión: Acción y efecto de apretar o comprimir. Fuerza que ejerce un cuerpo sobre cada unidad de superficie. Fuerza que el aire ejerce sobre los cuerpos. Coacción, fuerza o violencia que se hace sobre una persona o grupo para que ejecute una cosa contra su voluntad.
Analicemos.
Acción o efecto de apretar o comprimir: si la presión la ejerzo sobre el cuello de alguien, lo estoy matando. Pero si, en cambio, la ejerzo sobre un corte para que no salga más sangre, o sobre la picada de una alimaña para que salga el veneno, lo estaré sanando. ¿O acaso, uno de las técnicas de reanimación no consiste en presionar sobre el pecho de manera continua para que el corazón vuelva a latir?
Creo que en esta sociedad en la que vivimos y en este momento histórico contextual, todos vivimos de alguna u otra manera presionados y presionamos a otros al mismo tiempo. Y eso no nos convierte en torturadores, somos parte de un engranaje perfecto que se llama existencia. Si aprendiéramos a vivir libremente presionados, fluyendo al mismo tiempo, tendríamos la clave.
Veamos pues, algunos ejemplos: presionamos a nuestros hijos para que estudien, vayan a la escuela (o cualquier niño o adolescente lo hace por voluntad propia?) Los hijos también presionan a los padres. La escuela, es la institucionalización de la presión. Los docentes los presionan con pruebas, trabajos, el propio conocimiento es una presión, pues debe entrar y reacomodar los adquiridos anteriormente. Nos presiona el Estado para que paguemos nuestros impuestos, nuestros empleados, colegas. ¿O no seguimos un pos doctorado o una especialización por la propia presión de estar actualizados, a llegar siempre un poco más alto? ¿Los jugadores en la cancha, no juegan presionados por el resultado, por los hinchas, por el técnico, por su propia necesidad de ganar?
Continuaré con la acepción final que merece, a mi humilde entender, un tratamiento aparte.
Coacción, fuerza o violencia que se hace sobre una persona o grupo para que ejecute una cosa contra su voluntad. Es la manipulación y la versión más negativa de la palabra presión. Es el irrespeto. Es manejar a otro u otros no para que se superen y encuentren el camino sino para que obedezcan a la propia necesidad. El presionador-manipulador lo puede hacer con la violencia físico o psicológica.
¿Una huelga es una presión? ¿Un corte de ruta (oh, no, por favor que hace un año demoré 20 horas en llegar a Buenos Aires por el corte de ruta!) es una presión? ¿Un enojo entre amantes, amigos, colegas es una presión? ¿Una manifestación en la calle pacífica y serena, es una presión?
Me parece que la presión es una cuestión de actitud. Si mi padre (a dios gracias) no me hubiera presionado, y, tal vez, no estaría acá escribiendo. En ese momento insulté, pero ahora le agradezco esa presión. Decía que era una cuestión de actitud porque depende de quién la recibimos, cómo la recibimos y con qué objetivo. Si nos pule, nos hace crecer y evolucionar, si nos hace obtener nuevos conocimientos y si, quien lo hace, lo hace con amor y respeto, pues entonces más que presionados nos tenemos que sentir contenidos. Si nos proponernos una meta y nos autopresionamos para lograrla, en realidad, nos estamos superando pues deberemos echar mano a toda nuestra creatividad y sabiduría para llegar a ella.
En tiempos de desamor, de intolerancia y faltas constantes de respeto. En tiempos donde el hombre busca no-sabe-qué en no-sabe-dónde. En tiempos de desencuentros, aprender a vivir cómodamente presionados es un desafío interesante.
María Alejandra Araya